Una nota del Terapeuta Gestaltico Enzo Curbelo sobre violencia de género

Tristeza es lo que siento al tener que escribir una vez más sobre la violencia de género, las violaciones y todo tipo de mal trato. Una de las cosa por las cuales quise volver a escribir sobre este tema fue que hace dos días atrás viendo un programa de televisión escuche una víctima de violencia de género decir que ablando con un “juez” sobre la denuncia que le había hecho a su marido, este señor le dijo; “debería darle una segunda oportunidad”. Es lamentable que un Juez diga semejante frase.

Nunca se le debe dar una segunda oportunidad a una persona violenta, primero debe asumir que es una persona enferma y por lo tanto buscar apoyo psicológico y después demostrar que hay un cambio real y verdadero.

El porcentaje más alto que sufre violencia o mal maltrato es la mujer, pero aunque el porcentaje sea menor, también hay hombres que la padecen. No sé si algunos jóvenes leerán este artículo, pero si lo hacen sus padres o sus abuelos sería interesante explicarles a los jóvenes la importancia de comenzar una relación de amor desde un vínculo sano. Donde no se deben permitir condiciones ni de un lado ni del otro, condiciones como: “no te pongas tal cosa”; “no me gusta que tengas amistades”; “no vayas a tal lugar” y una infinidad de limitaciones que terminan desarrollando una personalidad que no es la de esa persona.

Cuando hablo del amor sano hablo de una relación de compañerismo donde esté presente el buen humor, la libertad de que la otra persona pueda hacer cosas que a lo mejor a mí no me gustan tanto, pero que no me afecta que las haga. Donde los celos no tengan cabida porque los celos son una enfermedad y terminan convirtiendo la relación en una tortura.

Tampoco el sentido de pertenencia porque ninguna persona por más que la ame, me pertenece. Estaría bueno sentir algo así como: “te amo porque no te necesito”. Estar en pareja no trasforma a esas dos personas en una sola. Siguen siendo dos y cada uno tiene el derecho a su individualidad. Transitar un camino justos con proyectos de pareja pero también desarrollando sus proyectos personales. Enamorarse no es bajarse del mundo y pensar que sólo existe la persona que se ama, siguen existiendo la familia y los amigos y hay que dejar espacio para compartir con todos. Hay cosas muy concretas en cuanto a la violencia que todos debemos entender: ningún ser humano merece ser maltratado porque todos nos meremos ser respetados.

La violencia es un delito y debe ser denunciada aunque muchas veces lamentablemente la justicia no actúa ni con la rapidez ni como lo debe hacer. De todas formas hay que insistir con las denuncias. El que golpea primero es un violento, después puede considerarse como un enfermo que debe de buscar ayuda.

Entender que el que dice amar de verdad, no destruye ni maltrata, si lo hace es un amor insano que muchas veces termina con la muerte de una de las dos personas. La violencia familiar es un problema social. La violencia es una conducta aprendida por lo general en el propio hogar. Por eso la importancia de que los padres cuiden a sus hijos desde que nacen y por supuesto cuidando y evitando que esos padres sean violentos.

La violencia familiar se puede considerar como un problema de salud pública porque deteriora la salud de las víctimas. La violencia familiar afecta los derechos humanos y la calidad de vida de las personas. Las muertes producto de la violencia familiar son inevitables. Por más medida perimetral que una mujer u hombre tenga, si la otra persona decidió que la quiere matar, lamentablemente lo logra.

En el país en lo que va del año se calcula que ha muerto una mujer cada veintiséis horas. Por eso en el momento que se empiezan a relacionar, a la primera señal de maltrato, hay que alejarse de esa persona y no verla nunca más. Las mujeres, las niñas y los niños, los ancianos y las ancianas y los discapacitados son los grupos más vulnerables a la violencia familiar.

Muchas veces se justifica al violento diciendo “se descontrolo” el que ejerce violencia NO se descontrola, sabe lo que hace aunque no puede cambiar su conducta porque no aprendió otra alternativa frente a las cosa que lo hacen enojar.

Hay muchos tipos de maltrato, no sólo el verbal o físico, el abuso emocional es uno de los abusos que más daño hace. El abuso emocional es simplemente el maltrato psicológico de una persona a la otra. Este tipo de abuso comprende actitudes, acciones y palabras, como las humillaciones, los insultos, los gestos de desaprobación, el aislamiento, la descalificación personal y las codependencias, (dependo todo el tiempo del otro) y por lo tanto me anulo y termino entrando en un rol de víctima. Al igual que cualquier tipo de abuso, el abuso emocional es una forma de violencia y agresión.

Además es un proceso constante que, con el tiempo deteriora nuestra autoestima, nuestra confianza en sí mismo y nuestra imagen personal. Normalmente el abuso emocional puede ocurrir entre dos personas. Pero también podemos abusar emocionalmente de nosotros mismos cuando estamos severamente deprimidos.

Por ejemplo: una persona deprimida puede decirse cosas muy duras, como por ejemplo: “no sirvo para nada”; “el mundo o mi familia estaría mejor sin mí”; “nadie me quiere o nadie me acepta”; “nunca lograré hacer nada bien” y un sinfín de auto castigos más.

El abuso emocional puede ocurrir en distintos ámbitos: en la familia, entre amigos, en una relación de pareja, en la escuela, en el trabajo, en un grupo social o religioso, político, deportivo, etc.

Por lo general el abuso emocional es un proceso en el que se distinguen tres etapas principales: la acumulación de tensiones. Se suman diversos factores de estrés que se van acumulando paulatinamente hasta que cualquier incidente menor actúa como detonador y se produce el incidente de abuso mayor. En esta etapa es cuando el abusador agrede a la víctima. El nivel de agresión puede tener distintos niveles de intensidad, puede ser algo como un gesto de desaprobación hasta el insulto u otra agresión verbal. Puede ocurrir en privado o en público. Puede generar una discusión o atemorizar a la víctima. La víctima suele sentirse descalificada y muchas veces también se siente amenazada o intimidada.

Después de un maltrato y con el arrepentimiento y las promesas del abusador de no hacerlo “nunca más” puede darse una especie de “luna de miel”. Una vez liberada la tensión acumulada a través del incidente de abuso emocional, el abusador y la víctima “hacen las paces” y todo vuelve “a la normalidad”. En esta etapa pueden pasar algunas de las siguientes cosas: la víctima justifica al abusador o la víctima perdona al abusador, o algo peor aún, la víctima le ruega que reanuden su relación. El abusador pide disculpas y promete que no volverá a ocurrir, etc. Mientras la víctima o el abusador no le pongan fin a ese modo de relacionarse entre sí, esta es quizás la etapa más peligrosa, ya que las víctimas suelen creer que el abusador cambiará y que realmente el abuso no volverá a ocurrir. Cuando la víctima (o en algunos casos el abusador) toma conciencia de que está repitiendo un patrón de conducta cíclico que no resuelve el problema, sino que lo perpetúa en el tiempo, es imposible que decida modificar su conducta y abandonar su rol dentro de la relación.

Para romper con un ciclo dañino como el abuso emocional es fundamental cambiar ese patrón de conducta personal y, normalmente esto requiere mucho compromiso. Trabajo personal, un gran apoyo terapéutico que no es milagroso porque requiere de mucho trabajo, voluntad, constancia y el deseo real de esa persona en cambiar su conducta que afecta a las personas que ama. Porque no hay que olvidar a los hijos que en la mayoría de los casos son las principales víctimas. Alguna vez en un artículo sobre el mismo tema escribí: “hacerle daño a un niño, es hacerle un gran daño al adulto”

Mail para contacto con el autor: enzocurbelo.colores2003@gmail.com