UNA LUZ PARA EL CAMINO (Por Saju SVD)

LUNES 12: ¿NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY TU MADRE ?
(Lc 1,39-48) Solemnidad Nuestra Señora de GUADALUPE …En este evangelio vemos como Ella sale de prisa hacia la montaña para visitar a su prima Isabel para compartir la buena noticia… Isabel, al verla, sintió que su hijo saltó en su vientre. Por eso, llena del Espíritu Santo exclamó: «Bendita tú entre las mujeres. ¿Por qué se me concede que la Madre del Señor me visite? Feliz tú porque has creído».

En el año 1531 nuestra Madre del cielo visitó este hermoso pueblo, en el cerrito del Tepeyac. Hoy vuelve a visitarnos para recordarnos que somos sus hijos y que no hay nada qué temer. Su palabras nos llegan al alma; su mano firme y suave nos conducirá y nos ayudará a creer que para Dios ninguna cosa es imposible. Disfrutemos de su presencia y amor maternal; Ella, como a Juan Diego, nos sale al encuentro y nos dice:

“No temas, ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿Qué te aflige? ¿No estás en mi regazo? Te llevo en mi corazón y velo por ti día y noche. Aquella tarde –en el Calvario- Jesús me confió tu vida y yo, no dudé en acogerte como mi hijo (Jn 19,20). ¿Puede una mujer olvidarse del hijo que cría? Pues aunque alguna lo olvidara yo nunca me olvidaría de ti (Is 49,14). Mira cómo te tengo grabado en mi corazón.

Nunca te faltará nada, mis favores y ternura te acompañarán en el largo camino de la vida; yo seré la Estrella de la mañana en tus noches oscuras, el faro que te orienta y el ancla que te afirma. Aunque pases por valles oscuros y sientas el peso de la cruz, no desesperes, yo estaré ahí para consolarte en espera de la resurrección.

Yo soy tu Madre, yo te engendré a la fe y te di a luz; yo estoy a tu lado para educarte y formar en ti otro Cristo, de Belén a Jerusalén, del pesebre a la cruz, viviendo el mismo amor que vivió Jesús. Es mucho lo que puedes dar; tu vida está destinada a ser luz y a brillar por la eternidad (Dan 12,3).

No dudes en cambiar los tesoros de este mundo por los tesoros del cielo ¡véndelo todo! Deja tus miedos y todo aquello que te enreda ¡sé libre, ama, ofrece, sueña! Pues el Padre quiere que todos sus hijos gusten y prueben lo bueno de su amor (Sal 34,9).

Haga todo lo que Él te diga y verás cómo tus tinajas de agua se convierten en el vino dulce de la paz y la fraternidad.

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